En México, el 24 de diciembre es sinónimo de familia, abrazos, brindis… y ¡mucha comida! Pero la verdadera estrella de estas fechas no solo es la cena navideña, sino el recalentado, esa segunda (y tercera, y cuarta) vuelta a los platillos que se convirtieron en protagonistas de la mesa.
El ritual del 25 por la mañana
Después de trasnochar, abrir regalos y tomarse la última copita de ponche o sidra, los mexicanos tienen claro lo que sigue al día siguiente: levantarse tarde, ponerse la pijama más calientita y servirse un buen plato del recalentado. Ya sea sopa fría, romeritos, bacalao o pierna adobada, los sabores son aún mejores al reposar una noche entera.
Para muchos, el desayuno del 25 no es precisamente ligero. Algunos optan por volver a servirse un platillo completo con todo y ensalada de manzana, mientras que otros van directo al antojo: una torta bien servida de bacalao o de pierna, acompañada de un buen café negro. Esa mezcla de pan, comida navideña y café calientito se siente como un abrazo después del festejo.
La comida del 25… y del 26, y del 27
Pero el recalentado no se queda en la mañana. Al mediodía llegan los tíos otra vez, los vecinos cruzan a saludar y, como por arte de magia, la mesa vuelve a llenarse, casi como si la fiesta nunca hubiera terminado. Es por eso que muchas familias cocinan con intención, preparando grandes cantidades que alcanzan no solo para la cena, sino para varios días de convivencia, descanso y sobras gloriosas.
Cuando el recalentado se vuelve rutina (y luego aburrimiento)
Aunque el primer y segundo día son una delicia, por ahí del tercer día, el recalentado pierde su encanto. Ya nadie quiere ver el refractario con romeritos ni sentir el olor del pavo. Es entonces cuando empieza a sonar una idea irresistible:
“¿Y si mejor nos vamos por unos taquitos?”
Porque sí, después de tres días de bacalao, el cuerpo pide salsa, limón, cebolla y algo diferente. Los tacos se convierten en el salvavidas del 27 de diciembre.
El favorito de la casa
Y si me preguntas, mi forma favorita de disfrutar el recalentado es en una torta: bolillo crujiente, bacalao con su aceituna y papa bien sazonada, o una buena pierna enchilada, acompañada de su respectivo café bien cargado. Nada como eso para cerrar el maratón navideño con el estómago contento.


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